"Ya no es abigeato, es robo"

Miguel Melo, productor damnificado, denuncia una alarmante escalada delictiva tras sufrir la faena de más de 120 animales en su predio. Con delincuentes que operan con total impunidad trasladando la hacienda a campos vecinos para trabajar con tranquilidad, el vecino de la ciudad expone la desprotección del sector y el desamparo ante la falta de respuestas de las autoridades de seguridad.


Miguel Melo, productor damnificado, denuncia una alarmante escalada delictiva tras sufrir la faena de más de 120 animales en su predio. Con delincuentes que operan con total impunidad trasladando la hacienda a campos vecinos para trabajar con tranquilidad, el vecino de la ciudad expone la desprotección del sector y el desamparo ante la falta de respuestas de las autoridades de seguridad.



Lo que años atrás comenzó como un delito rural menor, hoy se ha transformado en una organización delictiva sofisticada y descarada que acecha a los productores ganaderos de Chivilcoy. Miguel Melo, un productor con tres décadas de trayectoria en la región, alzó la voz para visibilizar una problemática que no solo socava su patrimonio, sino que pone en jaque la continuidad de la producción ganadera en la zona. "Desde el año 2001 arrancamos con el tema de la carneada a campo y cada vez se incrementa más. Cada vez es más alevoso y más descarado", afirma con profunda indignación.

La evolución del delito es lo que más alarma a los damnificados. Según explica Melo, la modalidad ya no responde al clásico abigeato de subsistencia. Hoy en día, los delincuentes rompen múltiples tendidos de alambrados —tanto perimetrales como internos— para seleccionar las mejores piezas del rodeo, animales que superan los 450 kilos. 

"Ya no es abigeato porque no es adentro del campo; es robo. Te los sacan a la calle, los llevan al campo del vecino y ahí trabajan más tranquilos porque en esta época nadie recorre. Se toman todo el tiempo del mundo", detalla el productor, marcando la impunidad con la que operan las bandas.

Un impacto millonario e inviable

Las cifras que maneja Melo reflejan una sangría económica insostenible a lo largo del tiempo. En sus declaraciones, calcula que en el año de menor actividad delictiva le faenaron cuatro animales, acumulando un total que supera los 120 animales faenados en las 80 hectáreas que arrienda. Con los valores actuales de mercado, donde cada ejemplar supera ampliamente el millón y medio de pesos, las pérdidas acumuladas se estiman en más de 180 millones de pesos.

A este perjuicio directo se le suma el daño colateral, la destrucción de la infraestructura del campo y el peligro inminente de que la hacienda a la deriva provoque tragedias viales en las rutas cercanas. "Te cortan cuatro alambrados de siete hilos y lleva un buen rato arreglarlo. He llegado a tener que encerrar animales con el vecino y apartar dos tropas de hacienda porque tenés 200 animales mezclados de diferentes marcas. Es terrible", lamenta.

La ruta de la carne y la inacción oficial

Melo sostiene que este nivel de faena descarta por completo el consumo personal. "Las mismas personas en dos meses me han carneado tres animales; no lo pueden consumir por más que el grupo familiar sea grande. Hay una derivación de esa carne a algún destino", advierte. Incluso, relata con impotencia cómo la impunidad llega al punto en que los propios delincuentes ofrecen la carne en el barrio —a escasos metros de su vivienda— bajo el descarado argumento de que "le habían hecho cinco a Melo".

A pesar de haber aportado pruebas contundentes, rastros claros en días de lluvia e indicaciones precisas de los lugares de faena donde los restos aún humeaban, la respuesta de las autoridades de seguridad ha sido nula. Con entre seis y siete denuncias radicadas por año, el productor asegura no haber recibido jamás una solución.

El panorama en la zona es desolador y el desincentivo es tal que ya se registran campos vecinos completamente abandonados por productores que decidieron retirarse de esos predios al verse acobardados. Ante la alarmante realidad de que los costos derivados de los robos superan el valor del propio alquiler de la tierra, Melo concluye con una dolorosa certeza: "Respuestas de las autoridades no he tenido ninguna, así que habrá que suspender la producción y dejar el campo abandonado, porque no hay otra cosa". (La Razón de Chivilcoy)