Los seguros cibernéticos se han convertido en una herramienta financiera cada vez más importante para las empresas expuestas a ataques informáticos. Su número sigue creciendo.
Según el informe Cyber Claims in Focus 2026, elaborado por la multinacional de corretaje de seguros Willis, los seguros de ciberseguridad ya cubren más del 95% de las pérdidas medias derivadas de filtraciones de datos y alrededor del 90% de las pérdidas propias de las organizaciones.
El análisis pone cifras al impacto económico de los incidentes digitales y señala al ransomware como el principal foco de gravedad: cada ataque provoca, de media, 25 días de inactividad y pérdidas de 4,5 millones de euros en las empresas globales.
Las filtraciones de datos concentran buena parte de los siniestros
Las brechas de datos son el tipo de incidente más frecuente dentro de los seguros cibernéticos. Los ataques maliciosos representan la mayor parte de los casos, aunque el daño económico puede variar considerablemente dependiendo de la organización afectada y del alcance de la intrusión.
El ransomware continúa destacando por la gravedad de sus consecuencias financieras. No se trata únicamente de recuperar archivos cifrados. Una empresa puede permanecer varias semanas sin utilizar sistemas esenciales, detener procesos productivos o perder capacidad para atender a clientes.
La mayor pérdida individual analizada supera los 430 millones de euros. Una cifra que refleja hasta dónde puede escalar un incidente cuando afecta a una gran organización y provoca una interrupción prolongada de la actividad.
El ransomware paraliza los sistemas durante 25 días de media
Un ataque de ransomware tiene una duración media de 25 días. Durante ese periodo, la pérdida de productividad se convierte en uno de los principales elementos de la factura final.
La interrupción de la actividad empresarial y los pagos realizados a los ciberdelincuentes son los dos grandes componentes económicos de estos incidentes. Actualmente, la demanda media de rescate alcanza los 3,2 millones de euros, aunque el pago real se sitúa en 1,3 millones de euros.
La diferencia muestra que las cantidades inicialmente exigidas por los atacantes no siempre terminan abonándose en su totalidad. Sin embargo, incluso cuando el rescate es inferior, la paralización de sistemas puede generar pérdidas mucho mayores.
“El ransomware supone cada vez más una amenaza para las organizaciones globales, teniendo un impacto en la cuenta de beneficios que puede llegar a ser muy elevada”, advierte Carolina Daantje, directora de Ciberseguridad de WTW.
El 95% de los costes procede de ataques directos
Los incidentes en los que los ciberdelincuentes atacan directamente los sistemas de una organización representan el 58% de las notificaciones de ransomware. Sin embargo, concentran el 95% de los costes totales.
Los ataques relacionados con proveedores suponen el 42% de las notificaciones, pero generan únicamente el 5% de los costes asociados al ransomware analizados en el informe.
La situación cambia cuando se estudian las filtraciones de datos. Los proveedores externos ya son responsables de casi el 50% de las pérdidas relacionadas con estas brechas y del 29% de las pérdidas propias.
Este fenómeno preocupa especialmente por el denominado riesgo sistémico. Un único incidente sufrido por un proveedor tecnológico puede afectar simultáneamente a decenas o cientos de organizaciones que dependen de sus servicios.
La inteligencia artificial amplifica amenazas ya conocidas
Por el momento, la inteligencia artificial no aparece como un factor independiente que impulse directamente los siniestros de los seguros cibernéticos. Su impacto se observa en la capacidad para potenciar técnicas que ya utilizaban los atacantes.
La ingeniería social, el phishing mediante deepfakes y el ransomware pueden ganar sofisticación gracias a estas herramientas. La posibilidad de crear vídeos o audios falsos cada vez más convincentes dificulta la identificación de determinados fraudes.
Por ello, la IA introduce una mayor volatilidad en el riesgo cibernético. Los métodos de ataque evolucionan con rapidez y obligan a revisar tanto las medidas de seguridad como la protección aseguradora contratada.
Tener un seguro cibernético no significa estar correctamente protegido
La elevada cobertura media de las pérdidas no elimina el riesgo de que existan lagunas en determinadas pólizas. Las necesidades de una industria con sistemas operacionales son diferentes a las de una empresa cuya principal exposición se encuentra en una base de datos de clientes.
“Las organizaciones deben comprender qué cobertura tienen contratada y asegurarse de que se ajusta a su exposición al riesgo”, señala Daantje.
La responsable de Ciberseguridad de WTW advierte de que, cuando la póliza no refleja la realidad de la compañía, pueden aparecer “lagunas críticas precisamente donde más se necesita protección”, mientras se mantiene cobertura sobre riesgos que ofrecen poco valor real para la empresa.
Los seguros deberán adaptarse a los nuevos patrones de ataque
El informe también señala amenazas menos visibles, como los litigios relacionados con píxeles de rastreo. Determinados casos podrían provocar pérdidas millonarias y generar efectos sobre el conjunto del mercado asegurador.
La evolución de los ataques obliga a revisar periódicamente límites, exclusiones y escenarios de interrupción de negocio. “Para sacar el máximo partido a los seguros cibernéticos, la cobertura debe reflejar los patrones de siniestralidad observados en el mercado”, concluye Daantje.
Con pérdidas medias de 4,5 millones de euros por ransomware y paralizaciones de casi un mes, contratar una póliza ya no es el único debate. El verdadero reto para las empresas es comprobar si su seguro responde precisamente ante los incidentes que pueden causarles un mayor daño financiero. (Escudo Digital)