La Perseverancia Seguros: Los Riesgos de la siembra

El seguro agrícola gana protagonismo como una herramienta para proteger la producción frente a un clima cada vez más imprevisible.


El seguro agrícola gana protagonismo como una herramienta para proteger la producción frente a un clima cada vez más imprevisible.



En una campaña donde cada hectárea puede representar una inversión de hasta US$ 1.000, un solo evento de granizo puede comprometer meses de trabajo. En ese contexto, el seguro agrícola gana protagonismo como una herramienta para proteger la producción frente a un clima cada vez más imprevisible.

Cada campaña comienza mucho antes de que la semilla llegue al suelo. Detrás de cada lote hay una planificación productiva, inversión en semillas, fertilizantes, combustible, maquinaria y horas de trabajo. Todo ese esfuerzo queda expuesto a un factor imposible de controlar: el clima. En Argentina, donde la producción de soja, maíz, trigo, girasol, cebada y sorgo es uno de los motores de la economía, los eventos climáticos extremos forman parte de la realidad de cada campaña. Entre ellos, el granizo continúa siendo uno de los riesgos más frecuentes y de mayor impacto económico para el productor.

Las tormentas con granizo suelen concentrarse entre octubre y diciembre, un período especialmente sensible: mientras los cultivos de invierno están próximos a cosecharse, los de verano atraviesan sus primeras etapas de desarrollo. Es justamente cuando la inversión alcanza uno de sus momentos de mayor exposición.

Frente a este escenario, el seguro agrícola dejó de ser una herramienta pensada únicamente para responder a un siniestro y pasó a formar parte de la estrategia de gestión del riesgo. Su objetivo no es evitar el daño que provoca un evento climático, sino proteger la inversión realizada y brindar previsibilidad para que el productor pueda continuar con su actividad.

La cobertura básica contempla granizo, incendio y resiembra, y puede ampliarse con adicionales como heladas, vientos fuertes, exceso de lluvias, planchado o falta de piso, de acuerdo con las características de cada cultivo y cada región. En caso de un siniestro, un ingeniero agrónomo matriculado evalúa el porcentaje de daño sobre el cultivo, un proceso que hoy se complementa con imágenes satelitales para agilizar y hacer más preciso el relevamiento.

En este contexto, La Perseverancia Seguros ofrece LPS Agro, una cobertura diseñada para acompañar a los productores de los principales cultivos extensivos del país frente a los riesgos climáticos de cada campaña, con opciones que se adaptan a las necesidades de cada zona y sistema productivo.

"Cada campaña implica una inversión importante y una planificación que puede verse afectada por un evento climático inesperado. Contar con una cobertura adecuada permite reducir ese impacto y darle continuidad al negocio", destaca Adalberto Bruzzone, director de la compañía que tiene más de 120 años de trayectoria.

Porque en un contexto donde el clima es cada vez más desafiante, sembrar seguirá siendo una apuesta. La diferencia está en contar con herramientas que permitan proteger esa inversión y seguir produciendo, incluso después de la tormenta.